miércoles, 30 de enero de 2013

La desvergüenza de Gallardón




Hablemos claro. Quien ejerce ejerce su poder e influencia para beneficiar a un homicida, puede ser considerado como  cómplice de homicidio.

Cuando además hay elementos para sospechar de que Gallardón proteje a un asesino para favorecer a un cliente del despacho de abogados en que trabaja su niño, al delito de complicidad al asesinato habría que sumar del de cohecho.

Por la más elemental moralidad debemos exigir que Gallarón sea cesado de inmediato coo ministro de justicia, por incapacidad manifiesta para administrarla, y rinda cuentas por estos presuntos delitos.

 
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