domingo, 29 de noviembre de 2009

FC Barcelona 1 Real Madrid 0

Algo que siempre se achaca a los que abogan por la independencia de Catalunya, es lo sosa que sería una liga sin el derby de los derbys.

Les doy la razón. Primero, porque no soy soberanista, y segundo porque me encantan estos encuentros.

Esto sí, al paso que vamos, no me extrañaria que el movimiento para que Catalunya juegue sus propios torneos separados de España, parta de precisamente de Madrid.

Quizá sea la única forma de que sus galácticos ganen algo. Y es que nunca tanto dinero -y prepotencia- sirvió al Madrid para tan poco.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Mi niña es una santa

La ley del aborto pasa su primer trámite en el congreso tras ser rechazadas las enmiendas que exigían devolver el proyecto de ley al gobierno.

Hay leyes que, más allá de su conveniencia, son sociológicamente repulsivas. Por ejemplo, cada vez que oigo hablar de la reforma de la ley del aborto me hierve la sangre, un cabreo que aumenta solo con pensar que una joven de 16 años podrá interrumpir el embarazo sin consentimiento paterno.

Entiéndanme, no juzgo la ley, simplemente no quiero ni oir hablar de ella. ¿Porqué? Porque tengo una niña que aun no ha cumplido los 10 añitos, y esa jodida ley me obliga a enfrentarme a un futuro que, aunque parezca remoto, está a la vuelta de la esquina.

Y es que cada vez que veo a mi criatura, tan pura, inocente y, sobre todo tan necesitada del amor de sus papás, me resulta imposible imaginar que dentro de poco más de seis años, la perla de mis amores podrá decidir por sí misma si abortar o hacerme abuelo.

¡Me cago en la leche! ¿Pero cómo se atreve nadie a decir algo así? ¿Qué narices insinúan de mi hijita?

Y claro, cuando empiezas a pensar en qué clase de desgraciado sería capaz de engañar a mi niña para robar su virtud, te sulfuras tanto que ya ni te acuerdas de la ley del aborto. No, amig@s, no ¡Deseas resucitar la de la pena de muerte y ejercer tú de verdugo, para cortarle los huevos a semejante gañán!

En definitiva, lo que más me quema de esta ley es que me recuerda que, antes de que me dé cuenta mi hija será una mujer que tomará sus propias decisiones y que el tiempo, por mucho que quiera reternerlo, siempre se escapa de entre los dedos.

Y sí, me resigno. Pero no pidan que no me cabree.

jueves, 26 de noviembre de 2009

La dignidad de Catalunya

Los 12 principales diarios catalanes -El Periódico, La Vanguardia, Avui, El Punt, Diari de Girona, Diari de Tarragona, Segre, La Mañana, Regió 7, El 9 Nou, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa- publican un editorial conjunto alertando del riesgo de una resolución negativa del tribunal constitucional sobre el Estatut de Catalunya.

Ni que decir tiene que El Siglo de las Luces suscribe en su totalidad lo expresado por este texto. Lo transcribo íntegro y en castellano, por si alguien aun no lo ha leido.
Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, el rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: «Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratifi cado en referendo y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica». Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el alto tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores. La expectación es alta.
La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta Cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los 12 magistrados que componen el tribunal, solo 10 podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido. De los 10 jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el «corazón de la democracia». Un corazón con las válvulas obturadas, ya que solo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo–, no haremos mayor alusión a las causas del retraso de la sentencia.

Avance o retroceso
La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de símbolos nacionales (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.
No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de la misma. No solo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador. El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras).

Los pactos obligan
El alto tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años 70 transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado-nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posibles los 30 años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.
Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que, en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.
Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta, sino solo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referendo.

Solidaridad catalana
Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Clavelitos

Joseba Molina, presidente del Consejo Nacional de Tunas de España, denuncia que la persecución que la SGAE está ejerciendo sobre este colectivo puede acabar con su desaparición.

¡No tendremos esta suerte, amig@s!



Ya sé que es inmoral tirar de la SGAE, pero si para acabar con esa reliquia cutre-musical que son las tunas hay que echar mano de los chicos de Teddy Bauitista…

me es difícil reconocerlo, pero a veces el fin justifica los medios, aunque sean tan ruines y abyectos como éstos.

Y a los tunos, que dejen de dar la brasa y se metan los clavelitos por donde les quepan.


Larga posdata:
Para acabar de congraciarme con la SGAE, les pediría que actuaran contra otro colectivo. No porque me caigan gordos –que también- sino porque reúnen todos los requisitos para ser empapelados: congregan a su público en recintos cerrados, les cantan a pleno pulmón canciones de reconocidos autores y después les piden dinero sin que la SGAE vea un euro de ese monto.
¡Sean valientes y actúen sobre las iglesias, denunciando los delitos contra la propiedad intelectual que se perpetran en cualquier misa!

sábado, 21 de noviembre de 2009

¿Jugamos a los símiles? Reflexiones sobre el caso Alakrana II

Imaginen que las autopistas que nos conectan con Europa se infestaran de piratas. Que cualquier camión que transitara por ellas corriera el riesgo de ser capturado por unos tipos, armados y más o menos organizados, que exigieran dinero para liberar el vehículo, la carga y los ocupantes.

¿Cuál sería la solución para atajar este problema?

Si extrapolamos muchas de las opiniones que estos días se expresan sobre el Alakrana obtendríamos respuestas tan alucinantes como:
- Dejar de circular por Europa. El continente es tan grande y tiene tantas autopistas que resulta imposible garantizar la seguridad de los vehículos.

- Que los transportistas contraten vigilantes armados para custodiar a sus camiones. ¿No transportan carga para ganar dinero con ella? Pues que se paguen la seguridad.

- Meter a un militar de oficio en cada camión. Para eso tenemos los soldados.

- Movilizar a militares españoles cada vez que los piratas secuestren un camión español, sea en el país que sea. Y permitir que las tropas del resto de países afectados actúen a su bola en nuestro país cuando se de el caso.

- Solidarizarse con los piratas. Seguro que los camioneros les explotan.

¿Sigo o ya está bien de chorradas?

jueves, 19 de noviembre de 2009

Piratas, militares y mercenarios. Reflexiones sobre el caso Alakrana

La liberación del Alakrana ha supuesto una enorme alegría para los marineros retenidos y sus familiares, así como un alivio para el resto de la población. Sin embargo, la forma en que se ha llevado a cabo el rescate plantea muchos interrogantes.

No me malinterpreten. No me opongo a que se haya pagado. Cuando se trata de vidas humanas es preferible acoquinar a hacerse el gallito a costa del sufrimiento de otros, Por eso, ante la duda, todos los países pagan. Pero me parece inconcebible que ni el más moderno ejército nacional o transnacional sea capaz de oponerse con garantías a una panda de andrajosos piratas.

¿Para que queremos los ejércitos, entonces? ¿Tiene algún sentido dilapidar tantos billones -con “b”- anuales en crear, mantener y equipar ejércitos? ¿De qué sirve la enorme tecnología militar que supuestamente tenemos –radares, aviones fantasma, satélites, armas inteligentes…- si es incapaz de prevenir y atajar las tropelías de cuatro desarrapados?

¿Tan inútiles son nuestros soldados? ¿Y tan débil es en verdad Occidente? Lo digo porque, si es así, estaremos a merced de cualquier organización criminal que desee ejercer el chantaje y la violencia para favorecer sus intereses.

Mi opinión es que no somos tan débiles. Ni es inútil nuestra estructura militar. De hecho, los ejércitos sirven para muchas cosas.

Por ejemplo, para invadir países y someter a poblaciones. Un habitante de Gaza sabe de sobras cuan eficaz que puede llegar a ser el ejercito israelí.

Pero, sobre todo, los ejércitos, las guerras y la delincuencia común organizada sirven para mantener a la industria militar ( no al revés). Son un fin en sí mismo, unos actores necesarios para el sistema.

Interesa mantener tanto a piratas efectivos que aborden nuestros barcos, como a ejércitos inútiles que supuestamente nos deben proteger de ellos. Cada cual en su rol y para beneficio, entre otros, de ese colectivo en alza y que se ha convertido en el nuevo gran filón de la industria militar: los mercenarios, los verdaderos grandes triunfadores del secuestro del Alakrana. Hablaremos de ellos en un próximo post.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El cabreo de Ricardo Costa


Dicen que Ricardo Costa se la tiene jurada a Fernando Alonso porque cree que éste ha esperado a que le echaran del PP para fichar por Ferrari. Que mientras fue lo más de lo más en el partido, el asturiano solo conducía vulgares y proletas modelos de Renault.

Por eso dicen que a Ricardo, tan amante de los coches de lujo como pródigo en el llanto fácil, se le caen las lágrimas de envidia viendo a Camps pilotar sobre un cavaletto rampante.

Y como la grima y los celos no se llevan bien con la razón, hay quien advierte que si Camps no quiere verse un día fiambre en la cuneta, como él mismo profetizó, en lugar de desconfiar de los socialistas, haría muy bien en cuidarse de alguno de sus otrora amiguitos del alma, hoy encarcelados o vagando sin oficio o beneficio, en los que sin duda puede anidar la semilla del rencor.

martes, 17 de noviembre de 2009

Los derechos de los españoles

El ministro de Industria Miguel Sebastián afirma que la conexión a Internet de un mega será un derecho para todos los españoles en 2011.

El acceso a una vivienda digna lo es desde hace bastante más tiempo y ya ven.

viernes, 13 de noviembre de 2009

El "nuevo" presidente de TVE

Según han consensuado PSOE y PP, Alberto Oliart será el nuevo presidente de Televisión Española y tomará el relevo de Luis Fernández, quien dimitirá por divergencias con el modelo de financiación que el gobierno ha impuesto para la cadena.

¡Joder con el consenso!

Vaya por delante que no tengo nada , ni a favor ni en contra, del señor Oliart. Pero, dicho esto, y recordando que Televisión Española ha prejubilado hasta hace dos dias a empleados con 52 años, cabría preguntarse:
¿Es lógico colocar al fente del ente público a un anciano de 81 años de edad?

Con la cantidad de paro que hay ¿De verdad no había ningún candidato para este cargo en edad laboral?

Es más, por mucho que cobre –y me jugaría cualquier cosa a que no necesita el dinero- ¿es ético cargar a un venerable abuelo con semejante responsabilidad?

¿No sería más humano permitirle vivir el tiempo que le quede –esperemos que sea mucho, Don Alberto- con tranquilidad y en compañía de los suyos? Y es que si de aquí a dos días se nos muere de un soponcio en el ejercicio de sus funciones ¿no seremos todos un poco culpables? A fin de cuentas entre todos le pagamos.

Pero sobre todo ¿puede liderar el proyecto de TVE en la era digital un tipo que creció con la radio galena? ¿Alguien que cuando TVE dejó de emitir en blanco y negro tenía ya casi 50 años?
 
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